sábado, 28 de agosto de 2010

Monoparental

En una ciudad cercana a Cádiz, en la que hace dos siglos se comenzó a gestar La Pepa, hay una especie de restaurante lleno de desatinos. Aunque anuncian mucho arte y mucha fusión, la carta parece esculpida a base de ocurrencias del cocinero, o del que mande en esto, pero sin ningún criterio y dando a entender más bien ignorancia , improvisación o capricho. Poco a poco vas tachando posibilidades de la carta, hasta que te quedas sin nada que pedir. Encima, tardaron diez minutos en traerme unas carrilleras que no tenían nada que ver y llegaron casi frías. Ponen un cus cus bastante sequerón en unos recipientes a los que llaman “tanjines”, unas hamburguesas de pescado igualmente secas y unos vinos mal conservados y mal elegidos. El desconocimiento en este terreno es tremendo. Cuando la uva sirah está triunfando en los nuevos vinos que están haciéndose en la provincia, ellos traen nada menos que de Cuenca un monovarietal de sirah muy inferior al que podrían encontrar por aquí. Ya han corregido la información, pero hace unos meses, cuando fui la primera vez a este lugar, aparecía un pizarra en la que bautizaban los vinos que tenían una sola variedad de uva de la manera puede observarse en la fotografía:




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